domingo, 13 de octubre de 2019

Panorama de las adicciones en México


JORGE LEONEL PAZ CORDERO / Periodismo Nayarita

 

Guadalajara, Jal.-  En México existe una variedad de sustancias adictivas legales (tabaco y alcohol) e ilegales (cannabis, cocaína, heroína, metanfetaminas e inhalables) que afectan el sistema nervioso central de la persona desde el primer momento que tiene contacto con alguna de ellas: algunos usuarios son más susceptibles genética o socialmente a desarrollar una adicción y su uso genera afectaciones irreversibles en las funciones neuronales.


De hecho, en nuestro país una de cada tres personas de doce a 65 años mantiene un consumo nocivo de alcohol, 17 millones son fumadores y al menos 500 mil son adictos a alguna sustancia ilegal.

La adicción es una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de sustancias que provocan placer, que inicia con euforia y es seguida de otros efectos como sedación o estimulación, lo cual dependerá del tipo de sustancia que se utilice., el abuso de alcohol ha aumentado un 60% y tabaco un 75% en los pacientes que llegan a la clínica de CT GUERREROS DE LA LUZ A.C.

El consumo puede iniciar para sentirse bien, desempeñarse mejor en la escuela o el trabajo, así como por curiosidad y porque otros lo hacen.

Cuando las personas consumen estimulantes por primera vez perciben efectos positivos y creen que pueden controlar su consumo, pero con el tiempo otras actividades placenteras ya no son agradables sin el estimulante, por lo que se vuelve necesario consumir sustancias para sentirse “normal”.

Después ese consumo se volverá compulsivo, en altas dosis y a todas horas, lo cual es un problema de adicción, advierten especialistas en adicciones y salud mental.

Tabaco

Investigaciones señalan que los factores genéticos explican entre 40 y 60% de la vulnerabilidad de una persona a la adicción. También los adolescentes y sujetos con trastornos mentales tienen un mayor riesgo de abuso y adicción a las sustancias sicotrópicas que la población en general, subraya Nora Volkow, directora del National Institute of Drug Abuse de Estados Unidos (NIDA, por sus siglas en inglés).

La especialista resalta que “actualmente los datos nos indican que la nicotina actúa como un acelerador del proceso adictivo de otras drogas; de ahí la preocupación que tenemos con los cigarrillos electrónicos, ya que los jóvenes que los usan tienen mayor probabilidad de adquirir una adicción no solo de nicotina sino de otras sustancias, porque está demostrado que el tabaco es la puerta de entrada a otras adicciones”.

Añade la investigadora que en la población joven de Estados Unidos el consumo de tabaco ha disminuido, pero lo han cambiado por el uso de cannabis debido a la publicidad que existe en algunos estados (California y Colorado, por ejemplo) donde se ha legalizado su uso recreativo y donde existen campañas que le otorgan cualidades curativas.

“Una cosa que nos preocupa es que los jóvenes ahora se administran nicotina a través del cigarro electrónico, con los mismos efectos negativos; y tenemos el temor de que todo lo que se ha avanzado en la prevención del tabaco se pierda”, comenta la especialista en adicciones.

En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) existen 17.3 millones de personas fumadoras activas, de las que doce millones son hombres y 5.3 Millones mujeres. Además, hay once millones de mexicanos que son fumadores pasivos al estar expuestos al humo de cigarrillo ajeno.

Cabe destacar que el costo anual aproximado de la atención de enfermedades asociadas al tabaco supera los 80 mil 500 millones de pesos.

Datos de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) señalan que una persona fumadora activa consume siete cigarros al día, es decir, un aproximado de 127 cajetillas de 20 cigarros cada una al año.

También la Encuesta Nacional de Gasto en los Hogares refiere que cada persona fumadora gasta en promedio cinco mil 200 pesos en la compra de cigarros.

En este sentido María Elena Medina Mora, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP), comenta que en las ciudades donde ha habido políticas antitabaco, “hemos encontrado una disminución del inicio por parte de los más jóvenes y eso nos parece importante, porque es en esa edad donde se establece el mayor riesgo para la dependencia de las sustancias”.

La especialista señala que el problema de adicciones en México reporta cifras muy altas para alcohol y una disminución en el tabaco. “Estudios comparativos nos hablan de que hay un mayor abuso de alcohol que en otras sociedades, ya que en el país se consumen grandes cantidades por ocasión y esto nos ha traído muchos problemas como muerte por violencia y accidentes automovilísticos”.

Alcohol

En México una de cada tres personas de doce a 65 años mantiene un consumo nocivo de alcohol. Además, entre las principales preocupaciones del gobierno federal está la disminución en la edad de inicio, que se ubica en los doce años, así como el aumento en los patrones numéricos de ingesta de las mujeres, los cuales ya son parecidos a los de los hombres.

Las mujeres presentan una tolerancia menor a cualquier tipo de estimulante y también desarrollan mayor dependencia de una manera más rápida. Por ejemplo, en el caso del alcohol cualquier persona logra metabolizar aproximadamente una copa por hora, por lo que lo ideal es no tomar más de una en el transcurso de una hora; pero en las mujeres incluso es más lento este proceso, porque hay más grasa y esta detiene el metabolismo.

Sustancias ilegales

En el rango de la población mexicana de doce a 65 años, la ENA indica que entre 2008 y 2011 aumentó de 3.9 a 5.7 millones el número de personas que consumen enervantes ilegales como marihuana, inhalables, cocaína, heroína, estimulantes anfetamínicos y otras (sin considerar las de uso médico). Es decir que, contrario al objetivo de la Asamblea General de Naciones Unidas de alcanzar una sociedad internacional libre del abuso de enervantes, el uso de sustancias ilícitas en el país incrementó dos puntos porcentuales: de 5.2 a 7.2% en el transcurso de tres años.

Asimismo, el número de personas dependientes de enervantes en México pasó de 450 mil en 2008 a 550 mil en 2011.

La edad de riesgo de mayor consumo de estupefacientes, tanto legales como ilegales, se ubicó además entre los diez y los 18 años, que es la población objetivo de atención de los Centros de Integración Juvenil (CIJ); en tanto que la edad de inicio de consumo de cualquier tipo de enervante oscila hoy entre los diez y los 14 años.

Durante 2012 los CIJ recibieron de hecho a 24 mil 728 usuarios de enervantes ilegales, de los que 42% tenía menos de 18 años.

Ante este panorama, Nora Volkow comparte que en Estados Unidos el más reciente estudio (2015) reporta una disminución en el consumo de cocaína, metanfetamina, tabaco y alcohol, pero “vemos un aumento en las drogas de prescripción, que es actualmente una de las problemáticas más severas, y de marihuana”.

Cuando las personas se vuelven adictas a los analgésicos potentes que tienen opiáceos, añade Volkow, “buscan en forma desesperada dónde conseguir una receta para obtener el fármaco; cuando no lo logran, entonces recurren a la heroína, porque es más fácil de obtener en algunas regiones del país”.

La investigadora en adicciones alerta que “en Estados Unidos, con todas las políticas de legalización del uso de la marihuana y la actitud de que es una sustancia benigna, estamos viendo que su consumo está en aumento. Lo que nos preocupa no es el número de personas que han consumido marihuana sino el número de fumadores regulares, porque son estos quienes tendrán efectos adversos. En Colorado, por ejemplo, se ha ido para arriba la cifra de accidentes automovilísticos”.

De la misma forma, Medina Mora comenta que en México el principal enervante ilegal que se consume es la marihuana, que 76% de consumidores prefieren sobre otras.

“En segundo lugar tenemos a la cocaína, metanfetaminas y heroína, en especial en la frontera norte del país”, agrega.

En el CT Guerreros de la Luz A.C., se ha detectado, altos índices de ansiedad severa, narcisismo, en nuestros pacientes, por las nuevas drogas de impacto como es el Cristal.

Inhalables

El titular de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic), Manuel Mondragón y Kalb, dice a su vez que con el apoyo de autoridades locales se fortalecen acciones para Evitar la venta de bebidas alcohólicas e inhalables como gasolina, resistol, aguarrás o tíner a menores de edad.

El funcionario destaca que la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (Encode) revela que alrededor de 110 mil alumnos de quinto y sexto de primaria han consumido bebidas alcohólicas y 17.2% de los alumnos de secundaria y bachillerato ha consumido estupefacientes alguna vez en la vida.
Ante esta situación, expresa, el éxito de las estrategias enfocadas al combate de las adicciones en nuestro país exige el trabajo conjunto entre los sectores público, privado y social.

CT GUERREROS DE LA LUZ A.C., ha detectado altos niveles de muertes físicas y cerebrales, provocados por estos solventes inhalables.

Y en el estudio Panorama actual del consumo de sustancias en estudiantes de la Ciudad de México, el director general del Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA), Rafael Camacho Solís, expone que mientras mayor prevención exista en las escuelas más se evitará que los jóvenes consuman sustancias sicoactivas.

El estudio revela una tendencia descendente en el consumo de alcohol, que va de 40.1 (2012) a 37.6% (2014), en tanto que el uso de inhalables en el mismo periodo siguió a la baja y pasó de 3% en 2012 a 2.2% en 2014, pero respecto del tabaco se observó un incremento del consumo: de 14.9 (2012) a 19% (2014).

En cuanto al consumo de marihuana, este siguió creciendo al pasar de 6.6% en 2012 a 7.6% en 2014.

Las estrategias de prevención de adicciones deben llevar a cabo acciones formativas y no solamente informativas o asistenciales, que promuevan un cambio en la población a la que van dirigidas y también un cambio en quienes toman decisiones, resalta el documento.

Afectaciones mentales

Enrique Chávez León, presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana (APM), expone por su parte que las personas que sufren trastornos mentales buscan aliviar su sufrimiento utilizando enervantes, pero este consumo también se asocia a inestabilidad, ideación e intentos suicidas.

Algunas personas son más susceptibles a desarrollar adicciones. Esta susceptibilidad puede deberse a la predisposición genética y a factores sociales, así como a la forma de administración de los estupefacientes, explica.

De acuerdo con la sustancia serán los efectos en la persona. Por ejemplo, el consumo de alcohol puede producir depresión, cuando se utiliza; ansiedad durante la abstinencia, y demencia por el uso crónico.

Los estimulantes, como las anfetaminas y la cocaína, durante su uso pueden producir sicosis y trastornos de ansiedad, y al suspenderlos ocasionan depresión.

En cuanto al consumo de marihuana comenta que “implica riesgos importantes para la salud mental, siendo más grave en niños y adolescentes, ya que afecta sus habilidades y funcionamiento cognitivo”.

La intoxicación por marihuana puede inducir sicosis, trastornos de ansiedad, trastornos del sueño y trastorno confusional agudo. Además, en personas con predisposición de esquizofrenia que consumen marihuana las manifestaciones de este trastorno sicótico se presentan años antes de lo esperado; y si la persona ya sufre de alguna enfermedad mental, dificulta su recuperación y empeora su pronóstico, detalla Chávez León.

Finalmente, dice que las barreras de protección para evitar que niños, adolescentes y jóvenes tengan acceso a las sustancias legales e ilegales son la familia y la escuela. Cuando tienen este círculo protector, comunicación, apoyo, atención y amor familiar, es difícil que acepten consumir estimulantes.

PREVENCION DE RECAIDAS                                          

RECAIDA:

Es regresar a patrones de consumo compulsivo, juicios y actitudes similares a la etapa anterior al tratamiento, con el consiguiente deterioro social, físico y psíquico.

El “craving” o deseo irrefrenable de consumo o ansia por la droga, mina la capacidad de decisión, tiende a ser automático y llega a ser autónomo. Es decir que, aunque se intente reprimir, aparece como una compulsión. Las recaídas se producen ante situaciones emocionales perturbadoras.

Las crisis se asocian generalmente con el estrés emocional.

SIGNOS DE RECAIDA

SEÑALES INTERNAS DE ALERTA DE RECAIDA ---Dificultad para pensar claramente. ---Dificultad para reconocer sentimientos y emociones. ---Dificultad en recordar cosas. ---Dificultad para manejar el estrés. ---Dificultad para dormir descansadamente. ---Dificultad de movimientos corporales. ---Sentimiento de vergüenza, culpa y desesperanza.

RIESGO DE LA NEGACION ---Alta preocupación por sí mismo. ---Negación de estar preocupado.

COMPORTAMIENTO EVASIVO Y DEFENSIVO ---Creencia de que “yo nunca volveré a consumir”. ---Preocupación por otros en lugar de uno mismo. ---Estar a la defensiva. ---Comportamiento compulsivo (no parar hasta lograr lo que se quiere). ---Comportamiento impulsivo (hacer las cosas sin pensar en las consecuencias). ---Tendencia hacia la soledad. 

CREANDO CRISIS ---Visión en túnel. ---Conflictos con los demás. ---Depresión menor (enojo, miedo y tristeza). ---Deseos de destruir. ---Los planes empiezan a fallar.

INMOVILIZACION ---Soñar despierto, pensamiento fantasioso. ---Sentimientos de que nada puede ser resuelto”. ---Deseo inmaduro de ser feliz (quiero que alguien me haga sentir feliz). ---Coraje por el desarrollo de la recuperación de los demás. ---Hacer una tormenta en un vaso con agua. ---No resolución de conflictos emocionales. ---Conciencia de que “algo está mal” y no hacer nada al respecto.

CONFUSION Y SOBRE REACCION ---Periodos de estar confundido sin justificación. ---Irritación con los amigos, familia, compañeros de grupo. ---Alta tendencia hacia el enojo. ---Baja tolerancia a la espera. ---Baja tolerancia a la frustración.

DEPRESION ---Hábitos alimenticios irregulares. ---Falta de deseo de “echarle acción”. ---Hábitos irregulares para dormir.

---Pérdida de la estructura diaria. ---Periodos de depresión profunda.

 PERDIDA DEL CONTROL DEL COMPORTAMIENTO ---Asistencia irregular a juntas de Alcohólicos y Drogadictos Anónimos, y     tratamiento terapéutico. ---Desarrollo de una actitud de “no me importa, me vale madre”. ---Rechazo abierto a la ayuda, “no necesito de nadie, yo puedo solo” ---Disgusto con la vida. ---Sentimientos de impotencia y no ser útil.

 RECONOCIMIENTO DE LA PERDIDA DE CONTROL. ---Autocompasión (pobre de mí como sufro, nadie me comprende). ---Pensamiento de uso social (creo que puedo consumir un poco en la fiesta). ---Pensamiento de uso a escondidas (consumiré sin que se den cuenta, ni mi familia ni el grupo AA). ---Mentiras consientes. ---Explicaciones irracionales e injustificadas. ---Presencia de obsesión por el consumo (deseos irrefrenables de consumir).

 REDUCCION DE OPCIONES ---Resentimientos irracionales. ---Falta de motivación de seguir recuperándose en grupo de A.A. y terapeuta. ---Soledad inmensa y abrumadora (nadie me comprende, me siento solo......) ---Sentimientos de frustración (es tan difícil mi recuperación y enfrentar la vida misma...) ---Sentimientos de enojo y rabia (no me dan lo que yo quiero) ---Sentimientos de impotencia (ya no puedo consumir y lo deseo tanto...) ---Sentimientos de tensión (no puedo con tantos problemas) ---Pérdida del control del comportamiento (me ganan mis emociones provocando daño.

 REGRESO AL CONSUMO ---Pruebas de “ácido” (estar junto a una persona que está consumiendo). ---Regreso al consumo de la sustancia “controlado”. ---Vergüenza y culpa por volver a consumir. ---Pensamiento de “ya valí madre y no me importa el mundo” ---Perdida de control de sí mismo emocionalmente.


¿PORQUE SE RECAE? 

POR MAL MANEJO EMOCIONAL

 ---Estados emocionales negativos: ira, frustración, ansiedad, pánico, depresión, previos o recurrentes en la recaída. ---Conflictos interpersonales: ruptura matrimonial o de pareja, divorcio, abandono, separación, disputas y conflictos, deudas, muerte de un familiar. ---Presión social: influencia de otras personas para que el adicto vuelva a consumir.

 LA FUGA GEOGRAFICA (COMO IRSE DE “MOJADO”) ES UN GRAN PRECIPITADOR DE RECAIDA.

       Los adictos prueban los límites que hay alrededor de ellos. Violar las leyes y ver qué tan lejos llegan, aumenta la excitación de sus actuaciones. Muchos adictos caen en problemas financieros, legales, conyugales, familiares, gastan grandes sumas de dinero y no ven el futuro, para un adicto el sentimiento desagradable se convierte en una señal para vivir la adicción, y no una señal para pedir ayuda a compañeros de A.A., terapeuta, o consigo mismo.  La obsesión mental es frecuentemente una indicación de tensión en la vida del adicto. En una situación adictiva hay un constante conflicto interno entre la nueva personalidad del adicto en recuperación y la personalidad adictiva. en esta lucha la personalidad adictiva gana y esto significa la “pérdida de control”, entre más ardua es la lucha, mayor es el control que la personalidad adictiva adquiere para establecerse definitivamente en la persona. Cada vez que se lucha contra l adicción el adicto se fortalece, por cada derrota hay algo de pérdida de la autoestima, ahí está el porque la gente se rinde en el proceso de recuperación. Es aceptado que uno no puede enfrentarse solo a la enfermedad, cuando la persona encuentra la fortaleza para empezar a conectarse con otros.

        Los seres humanos tenemos un deseo de cambio, y a la vez un deseo de permanencia, es decir, un deseo natural de resistencia al cambio, cuando nos engañamos de esa manera, establecemos relaciones con gente que también se engaña a sí misma, creemos que la amistad y el apoyo vienen de la gente que está de acuerdo con nosotros, de esa manera iniciamos de nuevo el proceso adictivo.        La naturaleza de la personalidad adictiva nos impide conocer la verdad sobre nuestra verdadera forma de ser, de penetrar en las causas más profundas de nuestra infelicidad, de vernos a Nosotros mismos como somos en realidad: vulnerables, temerosos, aterrados e incapaces de permitir que emerja nuestro verdadero ser. El desafío de la prevención de

Recaídas en drogodependencias.

 Descriptores: egreso de la comunidad terapéutica, prevención de recaídas, prevención terciaria en drogodependencia, reinserción social.  Este trabajo intenta pensar el concepto de prevención de recaídas en drogodependencia, dentro de una estrategia preventiva y de promoción de salud, desde un abordaje comunitario.  Inicialmente el concepto fue usado por sus creadores, inserto en una estrategia de tratamiento de tipo conductual, pautado y con énfasis en el proceso individual. La idea es poder pensar más allá e incorporarlo a un campo más amplio en el que todos los actores participantes en la problemática adictiva, individuo, familia, contexto O ambiente social, puedan sentirse parte involucrada.  Las recaídas, como veremos más adelante, se juegan fundamentalmente en lo que se denomina fase de reinserción o alta, luego de un tratamiento de rehabilitación, en el que el sujeto y su familia se comprometieron en un plan de abstinencia. Reinserción social que resulta difícil, dada la tendencia a la marginación de quienes padecen este problema, depositando los fracasos o los logros, estigmatizando o idealizando según sean los resultados.  Poner este tema en el tapete quizás pueda servir para pensar en la responsabilidad colectiva de las instituciones de rehabilitación de drogodependientes, pero que lo transciende, ya que las estrategias de prevención y las posibilidades de reinserción social, son patrimonio de la sociedad en su conjunto. Las recaídas, revisión de conceptos.  Cuando hablamos de recaída nos referimos en primer lugar a una persona que haya pasado por un proceso de rehabilitación comprometido con el logro de la abstinencia en el consumo de sustancias psicoactivas. En segundo término, la diferenciamos de un desliz o consumo aislado de una sustancia. Entendemos la recaída como una vuelta a patrones de consumo compulsivo, similares a la etapa anterior al tratamiento, con el consiguiente deterioro social, físico y psíquico. Para entender el fenómeno de las recaídas es necesario considerar la complejidad del problema mismo de las adicciones, proceso multifactorial que comprende a un individuo, en una familia determinada que se relaciona en un ambiente sociocultural, a su vez inmerso una sociedad.  El encuentro que determinada persona tuvo con las sustancias, implica también pensar en que dichas sustancias tienen un efecto predominante a nivel del sistema nervioso central. Por eso nos parece propicio retomar la noción de “refuerzo” que imprimen las drogas que inducen dependencia (Nahas, G. y col. 1992, 33), base para la autoadministración de las mismas y por lo tanto para la tendencia a la recaída. El refuerzo positivo primordial constituye una memoria afectiva dominante impresa en el cerebro, que se halla en relación directa con el potencial adictivo de la sustancia. Oficia a modo de refuerzo conductual y explica el deseo irresistible por la sustancia, y el situarse de manera de facilitar su empleo y adquisición. A ello se sumaría un refuerzo secundario dado por el contexto social y cultural del medio donde se consume.  El “craving” o deseo irrefrenable de consumo o ansia por la droga, mina la capacidad de decisión, tiende a ser automático y llega a ser autónomo. Es decir que, aunque se intente reprimir, aparece como una compulsión.  Distintos autores han observado que, entre la aparición del deseo por la sustancia y el consumo mismo, hay un espacio de tiempo propicio para actuar. Por otro lado, es importante pensar que antes de que ese deseo aparezca algo ocurrió con el sujeto, su familia, o el contexto que lo rodea.  Las recaídas se producen ante situaciones emocionales perturbadoras. Beck (1999) señala la presencia de factores internos, como depresión, soledad, aburrimiento, Ira, frustración, así como estímulos externos, como personas, lugares, cosas. Así mismo, el estado físico de una persona, su situación emocional, los conflictos interpersonales, la presión social, la exposición a señales asociadas con la droga, la pérdida de trabajo, las discusiones intrafamiliares, y las crisis serían elementos que predisponen a una recaída.  Las crisis se asocian generalmente con el estrés emocional, en tanto suponen un cambio no planificado repentino, no deseado, en la vida de una persona. Si bien una crisis predispone a una recaída, puede ser también una oportunidad de aprender.  También podemos hablar de crisis para referirnos a los momentos que atraviesa una institución de rehabilitación para drogodependientes, sus terapeutas, pacientes, familias, cuando un miembro toma distancia en las fases de reinserción social, también llamada alta, pre-Egreso, graduación, según sea el modelo de la Comunidad Terapéutica abocada a dicho tratamiento.  Los diferentes autores consultados, a pesar de sus diferencias en cuanto a nacionalidad, marcos teóricos y metodológicos, coinciden en ubicar la mayor frecuencia de recaídas dentro de dichas etapas. 

        La fase de reinserción social es una fase delicada y difícil de mantener (Santo Domingo, J., 1987). El mayor problema es lograr actitudes convenientes en el entorno que rodea a la persona, ya que el rechazo social es factor de recaída. Lo que se obtiene es mejoría y remisión transitoria. Idea similar sostiene Ortiz Frágola (2000) cuando habla de que la abstinencia no se logra ni mantiene fácilmente.  La mayoría de los datos disponibles (Nahas, 1992) indican que la rehabilitación, sea cual sea el método utilizado, no sobrevive al 50% de los casos y la persona permanecerá vulnerable a la tentación de la droga. Beck (1999) habla de que dos tercios de la población tratada recae en un período entre tres semanas y 90 días.          Creemos, como Elena Goti (2000), que es un momento de encuentro con la realidad, una realidad difícil. En un momento como el actual, signado por una profunda crisis económica y social, no es claro para nadie vislumbrar metas y proyectos de futuro esperanzadores que permitan una óptima inserción social. Las sensaciones ligadas a la droga una vez que la droga desaparece, dejan un lugar vacío que a falta de otras opciones suele ser llenado por el aburrimiento. “El aburrimiento y el alcohol son los dos enemigos principales de la etapa de reinserción y la vía regia para las recaídas” (Goti, 2000, 102).  González Regadas (2001) agrega que la persona tiene que sentirse muy afirmada y consolidada en los logros que ha tenido, ya que la etapa de separación del centro de tratamiento conlleva la elaboración de un duelo, en la que se dan tendencias a buscar momentos de efusión, ya sea con el objeto arcaico, o con la Comunidad Terapéutica, evitando o postergando así la salida.          La recaída es por tanto un hecho esperable. Depende no solo del individuo sino de todo un sistema, ya que lo que haga uno puede afectar lo que hagan los otros. Las crisis económicas, el desempleo, la fragmentación social, la desintegración familiar, la exclusión social, son indicadores de riesgo para el consumo de sustancias (Forselledo, 1999) favoreciendo la búsqueda de evadirse y rebelarse de un mundo en el que escasean las oportunidades de desarrollo. De manera que recaídas y reinserción social, parecen conformar una dupla en la cual el contexto actual puede ser una de las dificultades para el logro de ese objetivo. No debemos olvidar que nos encontramos en una sociedad con un modelo consumista predominante, donde se valora la búsqueda de lo inmediato, el hedonismo, la regla de pasarla bien y el éxito. Donde la necesidad de la gratificación inmediata empantana sentidos y valores que orienten hacia nuevos proyectos de futuro. Considerando estos Puntos de vista, la recaída no puede ser leída como un fracaso solamente individual, familiar o de la institución tratante. Una recaída se inscribe en el proceso de un sistema.  Por otra parte, en la órbita familiar también habrá que adaptarse a la inserción, inserción de un individuo que durante un tiempo contó con una familia sustituta como lo son las Comunidades Terapéuticas, los grupos de apoyo, los pares con problemáticas similares. Una vez en la familia, será ésta quien tiene que asumir en esta etapa, el control y apoyo a la persona identificada como portadora del problema. Manejo de dinero, salidas, amigos, trabajo, estudio, fantasmas del pasado, miedos por el presente, conforman un nuevo equilibrio familiar no fácil de conseguir.          Es frecuente observar a medida que la persona, ex adicta, se vuelve “normal”, autosuficiente, Estudiando o trabajando, con nuevas amistades y proyectos, que la familia se vuelva inestable; una recaída llevaría al homeostasis del sistema familiar.         Es probable en ese sentido que la conducta del ex adicto forme parte de un proceso cíclico de crisis y resolución relacionado con la familia de origen. La recaída sirve para desviar conflictos parentales que no se han resuelto hasta el momento (Stanton, 1997).  Similar concepto aporta Yaría (1988) cuando plantea el concepto de adicción como estabilizador del sistema familiar, donde el síntoma, por ejemplo, en este caso una recaída, es la única forma que tiene la familia de reunirse. Es por esto muy importante la continuidad y seguimiento del tratamiento familiar, a lo largo de todas las etapas del proceso de rehabilitación; una recaída puede estar denunciando aspectos no resueltos. La reinserción en el sistema familiar y en el social, implica moverse en libertad, a expensas del control interno. Ante las dificultades habrá que salir a buscar ayuda, situación que antes era mediatizada por las sustancias. Se impone entonces el desafío de recrear activamente las redes sociales como forma de constituir medidas de protección ante los riesgos. La prevención de recaídas, como modelo de aprendizaje. La prevención de recaídas dentro del tratamiento de adictos tiene entre sus precursores a autores que adhieren a una metodología de tipo conductual o de terapia racional-emotiva (Ellis, A. et al., 1992; Beck, A., Wright F. et al., 1999). La recaída es vista como un proceso que se puede detectar y por lo tanto prevenir. Basados en que la adicción es algo aprendido, sostienen que también se puede hacer algo por evitarla. De esta forma la recaída es vista como prueba, no como fracaso, como una oportunidad educativa en la cual algunos cambios quizás aún no se han realizado. Estos autores siguiendo además las ideas de Marlatt y Washton, sostienen que entre la abstinencia y la recaída hay una zona de transición, donde se van dando hechos, se van tomando decisiones que pueden o no llevar a una recaída con sustancias. Señalan que suelen verse otros comportamientos adictivos, como juego compulsivo, actividades sexuales de riesgo, trastornos alimenticios, adicción al trabajo, la televisión y otros, que siguen el mismo patrón que tenía el sujeto con las sustancias. Tanto Ellis (1992) como Beck (1999) sostienen que el abuso de sustancias es el resultado de múltiples decisiones que empujan a una persona a enfrentarse a situaciones de riesgo. Comprueban que cuando la persona está ante un estímulo activador del deseo de consumo, como determinado estado de ánimo, lugar, persona, objeto, y ante la privación impuesta por la abstinencia, comienzan a tener pensamientos asociados con mitos o creencias irracionales. Por ejemplo, pueden pensar “la vida sin drogas es aburrida”, “no puedo funcionar sin drogas”. A partir de estas ideas se origina un fuerte malestar, baja la tolerancia a la frustración, poniéndose en riesgo de consumo. Anteriormente dicho malestar era colmado por las drogas. Estas creencias o mitos actúan a modo de justificación y permiso para consumir.  Si la persona cede ante el deseo y consume, lo cual en un primer momento puede considerarse un “desliz”, aparecerán dos tipos de respuestas: por un lado, culpa y desmoralización, justificándose a sí mismos que no vale la pena luchar, que en definitiva es un fracasado. Se da un pensamiento de tipo dicotómico, todo o nada, o abstemio o “drogo”. En el polo opuesto suelen sentir que todo lo pueden controlar, “no va pasar nada”, “nadie se dará cuenta”, “lo tengo bajo control”. Cuando el control se debilita aparecen sentimientos de indefensión y desesperanza: “no puedo controlar el impulso”, “no seré capaz de salir de esto”. Tanto la sensación exagerada o pobre de autocontrol, es decir la percepción del control sobre un acto, como la sensación de baja o demasiado alta auto eficacia, es decir la Percepción que tiene acerca de si será capaz o no de superar una situación, son situaciones que ponen a la persona en alto riesgo de consumo, para que ante nuevos estímulos ambientales, individuales o familiares se produzca una recaída total caracterizada por una crisis en la motivación para el cambio. La Prevención de Recaídas consiste en brindar las herramientas para que aquella persona que ha dejado de consumir durante cierto tiempo, sepa reconocer cuáles son las creencias, mitos, síntomas y signos individuales, familiares y contextuales que pueden llevarlo a reiniciar su consumo. De esta manera se puede actuar antes de que se produzca una recaída para evitarla o, en su defecto, después de la misma para aprender de ella y evitar futuras reincidencias. Los signos individuales y familiares del proceso de una recaída. En general los hechos más frecuentes que les han ocurrido a personas que han recaído, o que han comenzado el proceso y terminaron sin recaer por una intervención temprana de sí mismos, su familia o sus terapeutas, son los siguientes (Bernardo, 1999):  A nivel individual: • Cierta disfunción interna. Signos: dificultad en pensar claramente, en manejar            sentimientos y pensamientos, en soportar el stress, dificultades para dormir, dificultades en la coordinación motriz (pequeños accidentes), sentimientos de culpa, cierto desorden en su aspecto personal o sus pertenencias. 

 • Retorno de la negación. Signos: no logra conversar honestamente sobre lo que le pasa, niega que está preocupado. Tiene pocas ganas de hablar de problemas o preocupaciones. 

 • Comportamiento defensivo. Signos: evita ver el dolor que vive. Cree que ya “está todo bien”, omnipotencia, se preocupa más con los otros que consigo mismo, “devuelve” confrontaciones, tendencia a estar solo, se torna indiferente ante actividades de autoayuda. 

• Empieza la crisis. Signos: se agrava lo anterior. Empieza a perder la visión realista de las cosas, por lo que ciertos planes que tenía empiezan a fracasar. Deprimido. Rompe con rutinas saludables y actividades productivas. 

 • Inmovilización. Signos: cree que no tiene el control de su vida, cree que nada puede ser resuelto, con un deseo inmaduro de ser feliz, soluciones mágicas.  

• Confusión y reacción exagerada. Signos: está irritado. Ciertos rasgos de impulsividad. 

• Depresión. Signos: hábitos irregulares en alimentación, no tiene ganas de hacer nada, duerme mal, va perdiendo la estructura diaria: desorden, horarios, actividades. 

• Pérdida del control del comportamiento., no puede hacer su rutina diaria, se niega a realizar su tratamiento de rehabilitación, baja autoestima, a continuación, mencionaremos el consumo de SPA de impacto en esta última década.  

• Desconocimiento de la pérdida del control sobre sus actos., en estudios hemos visto que unas de las principales áreas que afecta en consumo de drogas de impacto es la de la conciencia.

• Depresión Severa. Signos: está preso en el dolor y en la incapacidad de lidiar con la vida, resentimientos sin motivo, deja los tratamientos, pierde control del comportamiento y encontrar una opción en la vida, resentimientos sin motivo y deja los tratamientos inconclusos, hay un deterioro severo en el sistema nervioso central., y pierde el control del comportamiento.  

• Problemas físico existenciales y emocional. Signos: comienza a usar drogas “controladamente”, vergüenza y culpa, pérdida de control, problemas con la vida y la salud.  

A nivel familiar es posible observar:  

• Comunicación sobre-protectora, es decir, atribuir sentimientos sin preguntar. Dificultad para plantear pautas claras y precisas, dejar de hacer cosas que antes hacían porque ven pequeños avances.  

• En los primeros meses, no avisar a los terapeutas sobre factores de riesgo, no escuchar sugerencias de otros padres o terapeutas, no asumir como importantes situaciones de crisis del ex-adicto, creer que no pasa nada si “solo fuma marihuana” o toma alcohol. 

• No escuchar las reales necesidades, creer que todo es manipulación, ponerlo en situación de culpable de problemas de los que no lo es. 

• Rigidez frente a errores.  

• Si es adolescente, pretender que sea un adulto después del tratamiento, perder espacios de comunicación, retomar demostraciones de afecto impropias para la edad, no expresar los propios sentimientos, “luna de miel”: creer que ya no hay más problemas. 

Serían signos de protección a nivel familiar e individual: Hablar sobre permisos de salida, sostener el no, crecer junto a los hijos o pareja, generar clima de confianza para que no oculte la recaída, ya que es una oportunidad para aprender. Tener en cuenta que hablar sobre la recaída no es fomentarla, sin que llegue a ser una obsesión, lo cual llevaría a una “profecía auto-cumplida”.  Sentimientos y actitudes que se dan después de Una recaída:  Estos sentimientos serán más intensos cuanta más motivación tenía la persona para el cambio. Por parte de familiares y allegados: rabia, culpa paralizante, miedo a hablar o actuar sobre el tema, frustración “para qué hicimos tanto esfuerzo...”, ganas de dejar de ayudarlo, no reconocer errores propios, el aporte propio que preparó el terreno de esa recaída, atribuir toda la culpa al que recae lo que puede o no ser cierto, en el caso de que haya una responsabilidad compartida.  La prevención de recaídas inserta en una estrategia preventiva comunitaria. Entendemos la prevención y la promoción de salud como abordajes capaces de desarrollar potencialidades en un colectivo, individuo, grupo o familia, que oficie de marco, o red de sostén, para poder hacer frente y proveer de instrumentos que desafíen al consumo de drogas. Caplan (1985) Habla de tres niveles de prevención, siendo la prevención terciaria el último nivel, el que requiere de mayor especificidad y donde el consumo ya está instalado. En este sentido la prevención terciaria sirve para detener o remediar las consecuencias, evitando recaídas o mayor deterioro psico-físico. La Prevención de Recaídas quedaría por lo tanto inserta en este nivel de prevención, pero no puede quedar aislada, sino que debe articularse en programas más amplios.  Según la opinión internacional (NIDA, s/f), los programas de prevención deben diseñarse para realzar los factores de protección, aquellos que reducen la posibilidad de que se usen drogas, y dar marcha atrás o reducir los factores de riesgo, que aumentan la posibilidad de uso. Así mismo los programas de prevención deben incluir el desarrollo de aptitudes generales para la vida y técnicas para resistir las drogas cuando sean ofrecidas, reforzando la actitud y los compromisos personales contra el uso de drogas, aumentando la habilidad social, relaciones con los pares, eficacia personal y confianza en sí mismos. La planificación de una actividad preventiva implica una estrategia que debe tener una definición del programa, en este caso reducir la recaída. Debe dirigirse a una población específica: ex consumidores, sus familias y grupos de pertenencia. Debe acotarse a un contexto social, en este caso de riesgo. Para culminar deberá ajustar sus objetivos y realizar una evaluación y seguimiento de la información. Una estrategia preventiva comunitaria apunta a fomentar las capacidades y potenciar el saber de un colectivo, ayudando a que reconozcan sus propios conceptos y preconceptos frente al tema y, más específicamente, que puedan descubrir elementos de la problemática en ellos mismos. Pretende apoyar técnicamente y brindar información, ofreciendo herramientas para que paulatinamente dicho colectivo sea capaz de desarrollar capacidades que ayuden a hacer frente a una realidad que, aunque compleja, es posible enfrentar. Se persigue un objetivo educativo, para que quienes participen puedan accionar como agentes comunitarios activos, consolidando una red de sostén y apoyo permanente. Tomando en cuenta lo anterior creemos que es posible trabajar la prevención de recaídas orientada a la promoción de salud, si se cumple con el objetivo de preparar, educar a la persona y su entorno, familiares, amigos, redes cercanas o grupos de pertenencia. Estaría dentro de sus objetivos ayudar a identificar y poner en palabras los sentimientos, conocerse mejor a sí mismos y a los demás, conocer los estímulos tanto interiores como exteriores que puedan aumentar el riesgo de volver al consumo. Conocer fortalezas y limitaciones de manera de reducir la exposición a situaciones de riesgo, sabiendo evitarlas y creando nuevas estrategias para enfrentar los problemas.  Esto se llevaría a cabo mediante: 1) Conocer y reconocer los síntomas previos, actitudes, conductas, estímulos problema, formas de comunicación y mensajes propios que pueden favorecer el consumo de sustancias de uno mismo o su persona Querida. Ayudar a identificar las señales de alarma y situaciones de riesgo.  2) Actuar en consecuencia de ese conocimiento desarrollando estrategias de afrontamiento, contrastando los viejos modelos con los nuevos.  3) Descubrir los mitos o creencias que sustenta la persona, su familia o su entorno, como, por ejemplo: “el alcohol no es problema”, “cambiar es difícil”, “sin drogas no puedo relacionarme”, “para formar parte de un grupo hay que tomar”, “cambiar es imposible”, “las drogas no son un problema para mí”, “solo me comprenden los que han consumido”.  4) Identificar pensamientos permisivos, presentes en el individuo o sus grupos de pertenencia: “puedo tomar una vez”, “nadie lo sabrá”, “lo tendré controlado”.  

Estas pautas, creatividad y planificación mediante, pueden servir de referencia para articular desde allí modelos participativos que incluyan dramatizaciones, “rol playing”, juegos y planificación de actividades productivas ligadas al tiempo libre.  Siempre que se tenga presente que se trata de un “como si”, y que no significa dar permiso a salir a investigar por cuenta propia, pueden intentarse también ensayos de recaídas y evocación de situaciones problema. Si volvemos sobre la idea planteada en un comienzo, de que las recaídas forman parte de un proceso, y que fundamentalmente se dan en la etapa de reinserción del sujeto a la familia y medio social, cobran importancia las acciones tendientes al fortalecimiento de las redes sociales colectivas. Para el cumplimiento de un objetivo preventivo desde la promoción de salud, la Prevención de Recaídas debe articularse sobre programas de prevención, debidamente planificados. No basta con charlas puntuales, o actividades aisladas. Deben estar integradas y volcadas hacia las redes sociales, constituyendo una forma de sensibilización y educación. Al respecto Goti (2000) opina que las posibilidades de recaída son inversamente proporcionales a la educación que la persona pudo lograr. A mayor educación, menos recaídas. La educación contribuye a que se tenga mayor confianza en sí mismo y más posibilidades futuras de lograr una ubicación digna en la sociedad. El desafío parecería estar entonces en articular este tipo de actividades con el entramado social. Esto implicaría por parte de los terapeutas y sus instituciones de pertenencia, un esfuerzo por salir hacia el afuera, participando de manera real y efectiva con la familia y la comunidad. Evidentemente para ello no solo es necesario buenas intenciones, sino, lo más difícil, lograr el compromiso de toda la sociedad para que ello sea posible. Los programas de prevención orientados hacia el colectivo social podrían ser una forma de lograrlo.   Un ejemplo de Prevención de Recaídas en una Comunidad Terapéutica de Montevideo.  En Uruguay, existen distintas experiencias de actividades de Prevención de Recaídas. Durante el mes de diciembre del 2000, se realizaron en Comunidad Rafael 1 talleres de Prevención de Recaídas (coordinados por la Lic. Soledad Olave), con los miembros residentes y sus familiares.  La primera actividad consistió en un taller con los padres, en el mismo horario que la reunión de padres habitual, donde se leyó material sobre recaídas. Cada grupo familiar 1 Comunidad Rafael funcionó como Comunidad Terapéutica para personas con problemáticas adictivas, entre los años 1993 y 2001, siendo socia fundadora de la Federación Uruguaya de Comunidades Terapéuticas. Completó una pregunta sobre cuáles factores de riesgo pueden detectar. A continuación, se puso en común lo elaborado. A los residentes, previo al taller se les reparte material de lectura sobre el tema. Una vez en taller, se recogió la experiencia de algunos integrantes del grupo que habían estado en situaciones de riesgo, se discutieron los conceptos centrales del Material. Se utilizaron además dos técnicas grupales. La primera consistió en que cada uno dijera qué lo motivaba a dejar la droga. Los principales argumentos mencionados fueron: para recuperar a la familia, porque la familia se estaba destruyendo, porque la droga y su ambiente los perjudicó, por problemas de salud que trajo el consumo de drogas. La otra técnica consistió en que cada uno realizara un cuento sobre una persona que había recaído. En el plenario, cada uno leyó su cuento y respondió a preguntas: “¿Qué tiene que ver esta situación del cuento conmigo?”, “¿Cómo debería haber actuado el personaje del cuento para no recaer?” Estas preguntas eran contestadas por el autor del cuento, pero también los demás realizaban comentarios. La última actividad fue un encuentro entre todos los familiares que quisieran participar y También algún amigo, junto con los residentes en la comunidad. Se comparte previamente las conclusiones de las actividades anteriores. Luego se les dio la consigna de trabajo que consistió en reunirse por grupo familiar y realizar dos columnas, una con factores de riesgo y otra con factores de protección, explicando ambos conceptos. Estos factores debían abarcar situaciones personales, familiares, ambientales y otras. La siguiente es una síntesis del trabajo realizado por los residentes de Comunidad Rafael y sus familias.  

Factores que aumentarían el riesgo de recaída: 

• falta de comunicación.  

• estar incluido en “cosas” que no le corresponden (se refiere a hacerse cargo de tareas que corresponden a otros miembros de la familia).  

• estar en lugares o juntarse con gente donde se consume alcohol y drogas, esquina, boliches.  

• tener alcohol en la casa, tomar alcohol.  

• si se comienza a recaer, no hacer nada al respecto.  

• discutir con familiares.  

• participar de la empresa familiar.  

• no ver a un familiar querido.

• pensar en la independencia y saber que no se tiene los medios y el dinero.  

• el barrio.  

• amistades anteriores, personas conocidas que pueden acercarse con malas intenciones.  

• Estar solo, estar deprimido.  

• problemas de pareja, problemas de familia, discrepancias familiares.  

• un familiar que no sepa abordar el tema. 

• sobreprotección.  

• tener baja la autoestima. 

• Al trasladarse de un lugar a otro, elegir pasar por lugares de riesgo. 

• pensar que ya está todo bien antes de tiempo.  

• dificultades de integrarse a un nuevo grupo de pares.  

• actitudes que se tenían antes, tentación, ganas de consumir.  

• dejar que la mente “vuele” en recuerdos que bajoneen, dejarse llevar. 

• despreocuparse de uno mismo.  

• engañarse, engañar, mentir. 

• empezar a bajar los controles y tolerar excepciones a las normas de prevención de recaídas antes de tiempo, por pensar que ya está todo bien.  

• falta de confianza.  

• que el adicto en recuperación se crea el responsable de todos los problemas.  

• frustraciones, bronca, falta de seguridad.  

• no tener límites.  

Factores que servirían como protección para prevenir una recaída:  

• poder decir lo que se piensa, saber que hay gente que nos pueda escuchar.  

• si se va a ir a lugares donde puede haber alcohol, avisar que no puede haber.  

• sacar el alcohol de la casa.  

• Evitar juntarse con gente y en lugares donde se consume alcohol en forma abusiva y drogas.  

• si las actitudes de la persona empiezan a recaer, hablarlo bien y buscar ayuda.  

• si la persona está pensando en drogas, en recuerdos de consumo, hablarlo y buscar ayuda, y si es necesario buscar más compañía en las salidas, o estar siempre acompañado durante las mismas. 

 • mudarse del barrio.  

• Tener responsabilidades.  

• apoyo de personas queridas. 

• la comunidad (se refiere a la comunidad terapéutica).  

• voluntad y ganas de dejar la adicción a las drogas.  

• frente a un ofrecimiento de drogas o a una situación de cercanía a las mismas, irse.  

• fluida comunicación familiar.  

• aceptar las normas para las salidas y plantear las dudas.  

• tener “bien aceitada” la red de apoyo, relacionarse con nuevas personas que no consuman.  

• saber aceptar las reacciones de los demás.  

• respeto mutuo, no tratar mal a otra persona, no transar, no robar.  

• pedir ayuda.  

• fijarse límites. 

• deporte, juegos en grupos, no tener tiempos de ocio, tener un hobbie, organizarse alternativas.  

• compartir encuentros sociales, disfrutar las fiestas.  

• sentirse orgulloso de los logros aún frente a reiteraciones negativas.

• tener objetivos claros y metas cercanas, organizarse, ideas buenas. 

• Relacionarse con los compañeros del proceso y con los que ya terminaron.  

• tener presente la experiencia de vida, no dejar tu vida, vivir. 

• tener fe en uno mismo, ser perseverante.  

• confrontar las cosas que no te gustan, encarar, no callar.  

• no pensar en uno mismo, ayudando o viendo las necesidades del otro.  

• Saber diferenciar lo malo de lo bueno.  

• no despreocuparse de uno mismo.  

• prestar atención a lo que uno pone empeño.  

• saber escuchar, saber hacerse escuchar.  

• buscar la esencia de uno mismo.  

• saber querer, enseñar, saber transmitir valores. 

• ser servicial, ser honesto, no delegar en el otro.  

• verdad, sinceridad, hablar las cosas con claridad.  

 

Esta síntesis más allá de ser un ejemplo, nos invita a retomar algunos de sus puntos. En primer lugar, la importancia que le otorgan las familias y los residentes al papel que juegan los valores y la comunicación intrafamiliar e interpersonal, en el proceso de rehabilitación. Por otra parte, la necesidad de contar con apoyo externo para manejar las situaciones difíciles. Destacan también tanto al hablar de riesgos como de protección, el peso del entorno social y las actividades a realizar en él. Cobran importancia las actividades productivas en los momentos de ocio y tiempo libre.  Al decir de Ortiz de Frágola (2000) para el logro de una continuidad terapéutica, es necesaria una red que permita ofrecer constantemente al adicto un lugar y una persona con la que pueda crearse un vínculo estable, con un marco de contención donde pueda sentir seguridad.  Creemos que una óptima reinserción social, juega un papel preponderante a la hora de prevenir recaídas, actuando como factor de protección. Protección que no sería posible sin la articulación y fortalecimiento de las redes sociales que rodean al sujeto y su familia. En este sentido las acciones sobre amigos, grupos de pares positivos, instituciones educativas, sociales, culturales, recreativas juegan un papel preponderante.  Entendemos que este compromiso es posible si el entramado social se encuentra sensibilizado e informado de que la problemática de las adicciones desde su prevención hasta el tratamiento, involucra a un individuo, su familia y su entorno micro y macro-social, es decir que es, ante todo, un proceso colectivo.

 

Categorías generales de los programas de tratamiento


Las investigaciones relacionadas con los tratamientos para la adicción usualmente han clasificado a los programas en varios tipos o modalidades generales. Se continúan desarrollando y diversificando enfoques de tratamiento y programas individuales, y muchos programas que existen hoy en día no encajan bien dentro de las clasificaciones tradicionales de los tratamientos de la drogadicción. Como un México humanista ha logrado unificar con métodos y técnicas innovadoras y plan de tratamiento y no solo para aquellos que consumen sustancias, sino para todo aquel que quiere transformar su estilo de vida, ya que, logrando este objetivo, las sustancias dejaran de ser partes de su vida, así como los malos hábitos, emociones mal canalizadas, problemas existenciales y conductuales, que no son encajables socialmente. México humanista también llega a conjuntar 2 de los principales modelos de tratamiento, así como innovar a las necesidades actuales, los cuales son 1.-Proyecto Joven y 2.- Comunidad Terapéutica, México Humanista se convierte en un modelo unitario, antes las necesidades actuales a Puertas Abiertas. La desintoxicación es variable donde se utilizan métodos naturistas al igual que técnicas naturistas.

Desintoxicación y abstinencia bajo cuidados médicos

La desintoxicación es un proceso mediante el cual el cuerpo se libera de las drogas. Suele estar acompañada de efectos secundarios desagradables y en ocasiones hasta mortales, causados por el síndrome de abstinencia. Como se explicó anteriormente, la desintoxicación por sí sola no aborda los problemas psicológicos, sociales y de conducta asociados con la adicción y, por lo tanto, generalmente no produce los cambios de comportamiento duraderos que se necesitan para la recuperación. Generalmente, se maneja el proceso de desintoxicación con medicamentos administrados por médicos en centros para pacientes internos o de consulta externa; por lo tanto, se la suele denominar "abstinencia bajo cuidados médicos". La desintoxicación suele considerarse un precursor O una primera etapa del tratamiento ya que está diseñada para tratar los efectos fisiológicos agudos y potencialmente fatales de la interrupción del uso de drogas. Existen medicamentos disponibles para ayudar en la abstinencia de los opioides, las benzodiacepinas, el alcohol, la nicotina, los barbitúricos y otros sedantes. La desintoxicación debe estar acompañada de una evaluación formal y remisión a tratamientos para la drogadicción.

Tratamiento residencial a largo plazo

El tratamiento residencial a largo plazo brinda cuidados las 24 horas del día, generalmente en centros no hospitalarios. El modelo de tratamiento residencial mejor conocido es el de la comunidad terapéutica (CT), con estadías planificadas de 6 a 12 meses. Las CT ponen énfasis en la "resocialización" del paciente y usan como Componente activo del tratamiento a la comunidad entera del programa, incluyendo a otros residentes, el personal y el contexto social. La adicción se ve dentro del contexto de las deficiencias sociales y psicológicas del individuo y el tratamiento se concentra en desarrollar la responsabilidad personal y una vida que sea socialmente productiva. El tratamiento es altamente estructurado y a veces puede crear confrontaciones, ya que hay actividades diseñadas para ayudar a los residentes a examinar creencias malsanas, conceptos sobre sí mismos y patrones de comportamientos destructivos, para poder así adoptar nuevas maneras más armoniosas y constructivas de interactuar con los demás. Muchos de los programas de las CT ofrecen servicios integrales, los cuales pueden abarcar capacitación laboral y otros servicios de apoyo dentro de la propia residencia. Las investigaciones demuestran que se pueden modificar las CT para tratar a personas con necesidades especiales, como son los adolescentes, las mujeres, los indigentes, personas con trastornos mentales graves y personas que están dentro del sistema de justicia penal., a la vez de cierto tiempo de internamiento se le da al usuario de tener medio camino, que consiste a ir a trabajar y regresar al Centro Comunitario, por lo que generaría tener una COMUNIDAD TERAPEUTICA DE PUERTAS ABIERTAS, entrando y saliendo de la misma, “libremente”.

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El Centro Especializado en Adicciones, Guerreros de La Luz A.C., es una Institución Humanista adaptado a las necesidades mundiales, ofrece internamiento para Hombres y Mujeres, con un trato digno y otorgan servicios de psicoterapia individual, grupal, familiar, espiritualidad, psicológica, nutricional y médica., está a la atención de la Sociedad en General, a Nivel Nacional e Internacional, los 365 días del año., el teléfono es: 33-31351330 y el celular es: 044-3314014014 y 044-3313176953 y 3322808907.



miércoles, 9 de octubre de 2019

"La muerte inoportuna"



JOSÉ MANUEL ELIZONDO CUEVAS / 


Periodismo Nayarita



"La muerte inoportuna"



Había iniciado la redacción de un texto que, por compromisos no pude terminar el viernes, como es mi costumbre, pero me quedé con la idea de culminarlo el sábado. Por causas personales no puede sentarme a escribir temprano de acuerdo con lo planeado y cuando, finalmente, me disponía a hacerlo me enteré del inesperado fallecimiento del colega periodista Bernardo Macías, alias «El Venado», caminando por las calles de la ciudad, sin enfermedad aparente y eso, dio un viraje contundente a mi intención, hizo que me sintiera triste, desconcertado y sobre todo asustado, muy asustado.

Me dio miedo pensar en esa manera de morir, que podría ser la más delicada, benigna e indolora, pero me aterró el hecho de irme así tan de repente y dejar muchos pendientes en mi vida, y esa parte, la del desenlace inesperado me movió a la reflexión.

Sin duda la muerte del reconocido periodista fue una noticia de esas que actualmente denominamos «bomba» por lo trágico de la forma, por lo inesperado del suceso. Un hombre de tan solo 65 años, edad que no se considera la de un «viejo» propiamente, al menos en estas latitudes. Su trayectoria es más que conocida en nuestra ciudad. Se le consideraba uno de los cronistas más populares, periodista e historiador, fotógrafo, además de poeta. Trabajó en diversos medios de comunicación y, a decir de muchos miembros del gremio periodístico, fue un maestro para muchos de ellos.

Cuando este texto esté en manos de los lectores se habrán publicado cientos de noticias, crónicas y homenajes a Bernardo Macías, todos ellos muy merecidos, aunque me hubiera gustado que toda la admiración a la labor que él realizó en los diversos ámbitos de la comunicación y la cultura, hubiese sido reconocida hace tiempo. Es difícil pensar que alguien de esa edad pudiera morir, al menos de muerte natural, y quizá en eso se pueda respaldar la institución o la persona encargada de realizar ese tipo de distinciones, que quizá no sean legal o institucionalmente obligatorias, pero sí moralmente necesarias.

Cuántas veces ha pasado eso de los homenajes póstumos en todos los ámbitos del quehacer humano y en todas las áreas geográficas, sean locales, nacionales, incluso internacionales. Se entiende que tal vez sirvan de algo, por lo menos en cuestiones de legado y en el sustento de los mitos o leyendas, pero nada sería más justo ni más oportuno que reconocer al meritorio  o meritoria en pleno uso de razón y con fuerza suficiente en el corazón para que éste se llene de ánimo y alegría. Quizá, después de la muerte, sea alentador a quien le supervive en la cadena genealógica, pero para la persona que aportó algo importante, algo hermoso o algo leal a la sociedad, después de muerto, ¿podría tener algún significado?

Por lo que sé de nuestro colega periodista que ha dejado esta dimensión, su esencia era la libertad, la bohemia y la rebeldía hacia lo rígido y excesivamente burocrático; por tanto es de suponer que no le importaba mucho el reconocimiento por parte de un gobernante o un funcionario en tanto gozara de la empatía de una sociedad, de un pueblo o de un significativo grupo de amigos. No le importaría recibir un diploma firmado por el representante de la alta orden de la cultura oficial, si recibía el cariño de la gente en la calle y en las redes sociales. Pero, esa sublime característica del alma de un artista, que no ve nunca la trascendencia como condición en su trabajo, no exime a quienes debieran alentar el reconocimiento de esos exponentes, como una forma natural de motivar a las nuevas generaciones a incursionar, vivir o disfrutar de las humanidades.

Es triste ver cómo el reconocimiento del arte y los artistas sigue siendo una asignatura pendiente en muchos casos y lugares. Existen condiciones sociales que forman parte de un mismo círculo vicioso que se repite interminablemente. No entraré en detalles, ante la ominosa obviedad de los casos que vivimos a diario. Nuestras sociedades se vuelcan en reconocer asuntos de extrema frivolidad y nula trascendencia. Boxeadores inflados por la fuerza de la televisión y futbolistas que ganan lo que jamás soñaría un científico que descubre la cura de un mal importante. Cantantes gruperos de dicción ininteligible que se convierten en ídolos de las multitudes y ganan millonadas, mientras a un tenor lírico local, que ya realizó gira por España, con una estupenda y educada voz para la ópera le regateamos la compra de un boleto de cien pesos para ir a escucharlo al Teatro del Pueblo. Muchos trofeos y diplomas para el fútbol y pocos reconocimientos públicos a los escritores. En fin, hay muchos casos de esa naturaleza, en todos lados, y eso, me sigue pareciendo un escenario muy triste.

El suceso que sirve de fondo a este artículo, la sentida desaparición del estimado «Venado», Bernardo Macías Mora su nombre legal, me dejó como reflexión que nunca debes dejar para mañana lo que puedas hacer hoy, porque a veces suele pasar que simplemente no hay un mañana. De ahí que sentí, hoy más que nunca, la necesidad de redoblar esfuerzos en mis proyectos pendientes, en resolver problemas que se han quedado en el cajón de los después, en ordenar las pocas cosas de mi patrimonio material, pero sobre todo en disfrutar y consolidar los valores más importantes de mi vida, mis afectos. Es aquí donde revaloro la esencia de mi vida, el significado de la verdadera trascendencia, el sembrar el amor en la tierra fecunda de los corazones cercanos y no tan lejanos. En cultivar el amor por sobre todas las cosas, reiterar a mi amada el hermoso sentimiento que me inspira y reconquistarla cada día de los que me queden de vida como si fuera la primera vez. Darles a mis hijos, además de mi inmenso amor por ellos, las señales claras para que entiendan de que trata la ciencia de la vida y se doctoren en la búsqueda de la felicidad verdadera.

En fin, el temor se convirtió en ansiedad, en premura y en claridad. No hay manera de escapar de la muerte, eso es lo único seguro del mundo, pero las formas tan repentinas hacen más dolorosa la pérdida y más si, como dije anteriormente, tienes en mente muchas cosas que hacer y llega, con funesta contundencia, la muerte inoportuna.

RECIBAN UN SALUDO AFECTUOSO.- LOS ESPERO EN LA PRÓXIMA SEMANA - COMENTARIOS Y SUGERENCIAS AL CORREO: elizondojm@hotmail.com .- MIEMBRO ACTIVO FRECONAY, A.C. 

El Grupo Elite Dice Presente en la Escena Musical


ENRIQUE GONZÁLEZ RODRÍGUEZ / Periodismo Nayarita

Guadalajara, Jal.-  Gabriel Villalobos en el bajo sexto y primera voz, su primo Daniel Villalobos en la segunda voz y el acordeón, Jesús Ramos en la tuba y Francisco Carrillo en la batería, son los integrantes del Grupo Elite, una joven agrupación jalisciense que tiene sus orígenes en el año 2017, y que en la recta final de éste 2019 dice presente con fuerza en la escena musical jalisciense.

Con un repertorio que va desde el norteño tradicional hasta el denominado norteño-banda, el Grupo Elite se ha hecho de muy buenas tablas tocando en los mas diversos escenarios de Jalisco, Colima y Nayarit, adquiriendo así esa madurez musical que les ha permitido definir, desarrollar e ir puliendo un estilo interpretativo que los identifique y distinga de las demás propuestas que hay en el mercado.

Integrado como tal en los primeros meses del año 2017, el grupo se prepara para dar inicio a su propia historia por lo que sus cuatro integrantes están aprovechando la recta final de éste 2019 para seleccionar el material de su primer disco, comentando Daniel su vocalista que entre los temas que han contemplado hasta el momento hay varios de reconocidos compositores lo que le dará un plus a su primera producción discográfica.

De la mano de “Empresa Joven De San Miguel”, su oficina de representación, el Grupo Elite dice presente con gran fuerza y presencia en la escena musical grupera de la región, ganándose al pasar de los meses la simpatía y confianza de los empresarios y del publico que los ve tocar, haciéndose así de un cada vez más grande grupo de público que gusta de su música y su forma de interpretar.

El posicionarse en el gusto del público a nivel nacional y a mediano plazo cruzar la frontera norte con su música, son de los planes que más en mente tienen en estos momentos los integrantes del Grupo Elite.



Durante nuestra existencia, experimentamos dos fenómenos biológicos




Mis estimadísimos y amables lectores, un tema para reflexionar; la gente que sabe asegura que durante nuestra existencia, experimentamos dos fenómenos biológicos, el de la vida cuando inspiramos oxígeno y el de la muerte cuando lo expulsamos. En ese devenir biológico, la vida se alza sobre la muerte con la perpetuación de las especies, pero la naturaleza también genera equilibrio acabando con cierto número de especies para que la Tierra sacie su hambre y no tenga que provocar ciclones, terremotos, maremotos, glaciaciones, erupciones volcánicas, hambrunas, etcétera, a través de los cuales perecen miles de seres vivos que le proveen materia orgánica que sostiene a la vez los procesos vitales de los otros reinos. La materia orgánica que dejamos al morir, hace posible la perpetuación de las especies, mismas que se alimentan de los productos que salen de la alianza entre los tres reinos, el mineral, el vegetal y el animal. Vistas así las cosas, todos tenemos oportunidad de crecer, nacer y perpetuarnos, para luego contribuir a que funcionen las leyes del supremo creador. Un camarada me dice que la vida es una ilusión, razón por la cual las numerosas religiones prometen un reino donde ya no tendrá cabida La Muerte; mientras tanto, en el seno de todas las familias, se darán situaciones de inconformidad cuando se presenta la no existencia de uno o varios de sus miembros. Con la muerte de Don Gil Rivera, progenitor de mi madre Marìa Luisa, terminó el dulce encanto en que este su amigo el poeta de Cucharas vivía; supe a la tierna edad de catorce años que ya no lo vería mas; al tiempo muere mi tío Lorenzo, el  hermano menor de Don Serafín Cervantes mi padre; enseguida se va mi tío Maclovio y con él sumaban tres de la familia, incluyendo a mi tía Efigenia, la que murió años atrás de piquete de alacrán; años después fallece mi abuelo Victorio y le siguió mi abuela María Luciana. En nuestra familia Cervantes Rivera, lamentamos la muerte de mi hermana menor Martha Beatriz; a la que siguió mi madre María Luisa y recientemente la de Don Serafín. Tuve la dicha de convivir con todos ellos durante mi propia juventud; y aunque sabíamos que dentro de nosotros existía un asesino silencioso que más tarde o más temprano nos habría de enclaustrar en un féretro mortuorio cuatro metros bajo tierra, continuábamos como si nada estuviera pasando. Aprendimos a no darle importancia pero en el fondo esperando que algún día, la ciencia humana encuentre la forma de vencer a la muerte como aseguran que la venció el gran kabir de Galilea, Jesús El Cristo. Mientras tanto, no nos queda más que seguir adelante, ignorando una ley que habrá de cumplirse hoy, mañana, pasado,  no sabemos cuándo. Cierto, la muerte igual que la vida, es pareja; acaba con ricos, pobres, tontos, inteligentes, la gente poderosa y muy poderosa también se va. En la antigüedad las grandes civilizaciones buscaron la fuente de la eterna juventud, llegándose a decir que los egipcios, Atlantes, Lémures, Acadios, sumerios, mayas y otros, la encontraron pero no en brebajes sino en las dimensiones de que consta la naturaleza material y espiritual. Se dice que la gente que ha logrado meterse a la cuarta dimensión que es el tiempo, deja de sufrir el acoso de la muerte y ya no envejece por alguna razón que no han podido explicar las personas que lograron volver a la tercera dimensión en la cual nos movemos; se habla que estos seres humanos vivieron muchísimos años ahí, pero a los días de haber regresado a la Tierra, cayeron muertos sin remedio. Semejantes historias a mi me hacen tener esperanza pero la verdad sería conforme si lograra vivir los años que vivió Matusalén o Enoc; el ilustre maestro colombiano Samael Aun Weor, publicó que existe un ser humano con un millón de años de edad, pero igual, nada de esto se puede comprobar; sin embargo hay que decirlo para que esta humanidad doliente genere la creencia en un futuro libre de enfermedades y muerte. Tenemos cientos de años creyendo que la muerte es olvido, por ello en cuanto perdemos un familiar, hacemos lo imposible por ya no saber nada de él; cierto, marcharon al continente del nunca más, lo que no debe impedirnos recordarlos cada que se ocupe…PALESTRAZO: dos grandes amigos de este poeta de Cucharas, Bernardo Macías y José Luis Casillas, se fueron al mas allá en menos de quince días; escuchada la sentencia se cumplió la ley. Descansen en paz mis viejos camaradas.

El Síndrome de Hydris o la Patología del Poder


LEONEL PAZ CORDERO / Periodismo Nayarita

Guadalajara, Jal.-  El diccionario de la Real Academia Española (RAE) le atribuye al concepto de patología dos significados: uno lo presenta como la rama de la medicina que se enfoca en las enfermedades del ser humano y, el otro, como el grupo de síntomas asociadas a una determinada dolencia. En este sentido, esta palabra no debe ser confundida con la noción de nosología, que consiste en la descripción y la sistematización del conjunto de males que pueden afectar al hombre.

La patología, dicen los expertos, se dedica a estudiar las enfermedades en su más amplia aceptación, como estados o procesos fuera de lo común que pueden surgir por motivos conocidos o desconocidos. Para demostrar la presencia de una enfermedad, se busca y se observa una lesión en sus niveles estructurales, se detecta la existencia de algún microorganismo (virus, bacteria, parásito u hongo) o se trabaja sobre la alteración de algún componente del organismo.

Los especialistas en patología pueden clasificarse, según su campo de acción, en patólogos clínicos o anatomopatólogos. Los primeros se especializan en el diagnóstico por medio de análisis obtenidos y examinados en el marco de un laboratorio clínico. Los anatomopatólogos, en cambio, concentran sus esfuerzos en las deducciones a las que pueden llegar en base a la observación morfológica de lesiones.

Otros conceptos vinculados a la patología son la etiología (rama centrada en estudiar los orígenes de cada enfermedad) y la patogenia (la serie de modificaciones patológicas con la exclusión de las causas que la provocan). Esta última puede ser abordada desde un punto de vista funcional (tal como hace la fisiopatología) o morfológico (la patología general). Ambos actúan de forma complementaria para la comprensión de la patogenia.

La rama que consiste en el estudio de los aspectos morfológicos de la patogenia se denomina morfopatología o patología general. Su aplicación con el objetivo de reconocer las causas de una determinada enfermedad no garantiza el éxito en el 100% de los casos.

Patología social
Cualquier rasgo del comportamiento que no responda a los parámetros de normalidad dentro de un marco social es considerado una patología. Existe una serie de factores que acarrean inestabilidad mental y emocional, entre los que encontramos la excesiva actividad laboral y la fatiga, la tensión nerviosa, el ruido propio de las ciudades, el rompimiento del modelo de familia tradicional y el consumo desmedido y no supervisado de fármacos.

La tendencia creciente de las sociedades a la generalización es un proceso nefasto que agrupa a la porción de la población que reúne el mayor porcentaje de coincidencias en sus gustos, creencias y características físicas e ignora al resto y lo etiqueta como minoría. En este último conjunto de seres humanos, encontramos una gran variedad, y poco tienen en común entre ellas, más allá de su especie. Desde personas con problemas auditivos hasta delincuentes, pasando por homosexuales y pobres, son todos apartados para que no distraigan a los demás de las campañas publicitarias.

La delincuencia como patología social

Si entendemos el conjunto de normas y leyes de una sociedad como lo normal y aceptable, entonces una persona que vaya en su contra presenta una patología social. Como la delincuencia no sólo representa un acto que no se rige por las reglas preestablecidas, sino que también atenta contra la libertad de los ciudadanos, este tipo de comportamiento acarrea sanciones para asegurar la seguridad del pueblo.

A su vez, para combatir esta patología, el Estado promete ayudar a quienes cometen delitos a entender el valor y la importancia de respetar las leyes. En una situación ideal, estas personas logran reinsertarse en la sociedad, habiendo adoptado una visión nueva de la vida en comunidad, que incluye el respeto por la libertad.

El siglo XX, escenario de genocidios, de ideologías totalitarias y de la trivialización del mal. El nacionalismo, para poder cuajar, necesita la imagen amenazadora de un enemigo. El siglo XX registró, al menos, ocho episodios de matanzas masivas, aunque esta sea una lista incompleta.

En el siglo XX, el poder, y me refiero al político, ha sufrido una profunda transformación. La causa de ese fenómeno es la aparición en el escenario político de un nuevo protagonista social, las masas. A partir de ese momento se empieza a hablar de la «sociedad de las masas», del «papel de las masas» en la historia, de la «rebelión de las masas», como de rasgos característicos de nuestros tiempos. Se trata de una nueva fuerza y, al mismo tiempo, carente de experiencia y orientación política. Integran esa muchedumbre los campesinos de ayer, los emigrantes de las áreas rurales llegados a las ciudades en busca de trabajo, esa ola humana empujada por la esperanza de encontrar una vida mejor. Ya dispone, gracias a los avances de la democracia, de una gran fuerza: el derecho al voto, ese derecho que le permite elegir y que, en definitiva, pone en sus manos las decisiones.

Desde el momento de la aparición de las masas, todo aquel que quiere conquistar y mantener el poder tiene que pactar con la nueva comunidad, tiene que domarlas, hacerlas dóciles o conquistarlas para poder someterlas, más tarde, a su dominación con ayuda de la persuasión, la manipulación o, simplemente, el dictado.

El gran problema de los millones de seres que se incorporan de manera muy rápida y caótica a la población de las grandes ciudades, es, por un lado, encontrar un trabajo y una forma de pasar el tiempo libre y, por otro, encontrar su propia identidad. Se trata de personas que rompieron los lazos con su propia cultura, con la que todos sus antecesores se identificaron durante siglos, y que necesitan encontrar una nueva identidad, una nueva comunidad dentro de la que puedan sentirse seguras y de la que puedan ser, al mismo tiempo, un elemento valioso. En esa situación aparece en la historia un nuevo tipo de líderes políticos que, prometiéndoles a esas personas una nueva identidad tan anhelada por ellas -porque la pérdida de las raíces genera una agotadora sensación de temor y desorientación-, consiguen el respaldo de las masas y, gracias a él, conquistan el poder.

Los instrumentos utilizados por esos nuevos líderes son muy diversos, pero la historia contemporánea nos enseña que tres de ellos han desempeñado un papel singular: las ideologías (el fascismo y el comunismo serían sus ejemplos), el populismo y el nacionalismo.

¿Quién trató de hacerse con el poder en las primeras décadas del siglo XX? Por lo regular eran personas salidas de las clases medias, frecuentemente militares, activistas de distintos partidos o estudiantes universitarios. Las consignas que lanzaban tenían como fin atraer a los que se sentían amenazados y desorientados y satisfacer sus expectativas, conseguir el respaldo de los que buscaban su propia identidad y convencerlos de que la encontrarían en los conceptos «nación» o «Estado». Como afirmaban los ideólogos y los agitadores, la nación era la gran comunidad social y espiritual en cuya construcción podían participar también los desarraigados de ayer y encontrar así en ella un lugar seguro. Presentaban el «Estado» como la institución jurídica y administrativa que hacía posible la realización y defensa del concepto «nación». La ideología que se basa en la filosofía y apología de la nación-Estado y presenta ese concepto como algo ideal que se llama nacionalismo.

El nacionalismo tiene muchos rasgos característicos, pero dos de ellos son particularmente peligrosos y abominables. El primero es la arrogancia y la soberbia que encierra la convicción de que la cultura propia es superior a la de otros. El segundo consiste en que la singularidad propia se define mediante la hostilidad contra otros, mediante el rechazo de otros que son presentados como enemigos, principalmente las comunidades y sociedades vecinas. Consideran que la única eliminación eficaz del peligro -que, por lo regular, sólo existe en su imaginación, porque casi siempre suele tratarse de enemigos inventados- es el aplastamiento físico del adversario e incluso su aniquilamiento total. El nacionalismo, para que pueda cuajar, tiene que disponer de la imagen amenazadora de un enemigo. Cuando el nacionalismo no dispone de un enemigo real, lo inventa, porque lo necesita de manera inapelable.

De gran ayuda les sirven los medios de comunicación contemporáneos, ese potente y omnipresente instrumento de la manipulación y la propaganda que es la prensa, la radio y la televisión.

Muchos pensadores contemporáneos, como Gellmer, Mosse, Hobsbwan y John Lukacs, consideran que el nacionalismo es la ideología principal y dominante de nuestros tiempos y ponen de relieve su destructora agresividad. El nacionalismo es una ideología combativa y sus ataques pueden adquirir muy diversas formas (también sabe agazaparse, sumirse en letargos temporales). Sin embargo, las ofesivas del nacionalismo no son reacciones autónomas y espontáneas. Siempre son reacciones meticulosamente preparadas u organizadas por el poder, por sus cuadros, sus estructuras y los medios. Esas reacciones siempre tienen un objetivo muy concreto y víctimas cogidas de antemano. Esas reacciones tratan no sólo de dañar al enemigo, sino de destruirlo de manera definitiva. Y precisamente esos intentos de alcanzar el triunfo máximo son uno de los rasgos fundamentales del nacionalismo contemporáneo.

Pero, ¿quién es el enemigo real o inventado que aprovecha el poder, con su cruzada nacionalista, para fortalecerse o ampliar sus influencias? ¿Cómo es la imagen del enemigo? Ante todo, es una imagen colectiva, porque el enemigo, en tanto que individuo aislado, no es peligroso. La que es peligrosa es la masa enemiga. En este caso, la identidad nos muestra su doble imagen, sus dos caras. Una de ellas es la salvación de aquel que busca y quiere conservar sus raíces; la otra es la maldición y el estigma, que pueden convertirse en condena.

Y algo más y muy importante: los enemigos tienen que ser seres distintos, los enemigos siempre son ellos. Lo ideal sería que siempre pudiesen ser distinguidos por sus rasgos externos; por ejemplo, el color de la piel, la forma de vestirse, su aspecto general, su comportamiento. En estos casos es más fácil señalarlos con el dedo y descubrirlos en la muchedumbre. Lo ideal sería también que los enemigos siempre fuesen más débiles, que se sintiesen desorientados y perdidos y que estuviesen indefensos.

El nacionalismo es la patología, la enfermedad de los tiempos modernos. Pero tiene un antecesor, un modelo, por cierto, aún vivo en muchas partes y situaciones. Me refiero al tribalismo, a la filosofía de las clases, de los vínculos tribales y de los clanes, también alimentada y animada por las élites y siempre enfilada contra los vecinos más o menos cercanos.

Pero, al tratar el nacionalismo como esa ideología que es el terrible causante del genocidio en el siglo XX ¿no cometemos una falsificación de la historia? ¿no nos olvidamos de que muchas otras atrocidades fueron cometidas por el poder asesino contra su propio pueblo? No, no cometemos falsificación alguna, porque también en esos casos el poder asesino actuaba de acuerdo con las reglas del nacionalismo, ya que acusaba a sus víctimas de haber traicionado al pueblo, de haberse vendido al enemigo.

La percepción del «otro» como de una amenaza, de un representante de las fuerzas extrañas y destructoras, fue común a todos los regímenes nacionalistas, autoritarios y totalitarios conocidos por nuestra época. Se trata de un fenómeno registrado en todas las culturas y, con tristeza tengo que constatar que ninguna civilización resultó ser impermeable ante el veneno del odio, del desprecio y de la destrucción, inoculado por los líderes e ideólogos nacionalistas. La misma enfermedad era propagada por los regímenes más diversos y en las latitudes más distantes. Sus manifestaciones extremas acarrearon numerosos casos de genocidio, de ese crimen masivo que se repite una y otra vez, y que, por desgracia, es uno de los rasgos característicos del mundo moderno.

Existe una cierta tendencia -porque así es más cómodo y más fácil- a tratar los sucesivos capítulos de la historia del genocidio como episodios aislados entre sí y difíciles de entender, como explosiones irracionales de una furia colectiva, como actos de histeria y de locura de las muchedumbres drogadas por el olor de la sangre. Como esos sucesos -partiendo del principio de la culpa metafísica- nos cubren a todos de oprobio, tratamos de olvidarlos cuanto antes y de dejarles tan desagradable y dolorosa temática a los especialistas. Sin embargo, un análisis más detenido de los casos de genocidio nos obliga a rechazar la idea de que nos enfrentamos a simples e irracionales estallidos de ira y violencia. En las raíces de todo acto de genocidio siempre está alguna de las ideologías del odio difundidas de manera metódica y planificada. Esos actos siempre se ven precedidos por largos períodos de meticulosa preparación organizativa y técnica del aparato burocrático del Estado moderno. Eso permitió a muchos filósofos -como Bauman, Laqueur y Arendt- formular la inquietante tesis de que la civilización tiene en su propio carácter, en su propia esencia y en su propia dinámica rasgos que -en condiciones favorables y en un momento adecuado- pueden hacer posible un nuevo acto de genocidio. Se trata de una tesis que hace sentir espanto.

¿Cuándo aparecen ese momento y esas condiciones favorables? Cuando aquello que pertenece a la esfera de la cultura y aquello que pertenece a la esfera de lo sagrado se divorcian; cuando la esencia espiritual se ve debilitada en la cultura o, sencillamente, desaparece de ella; cuando el letargo de la ética en la sociedad genera un vacío; cuando se debilita la sensibilidad ante el mal.

Todo parece indicar que en nuestra época el mandamiento cristiano más ignorado y pisoteado es el que insta a amar al prójimo. ¿Hubo desde siempre en los humanos una actitud de rechazo e incluso de hostilidad ante los «otros»? ¿Cómo es posible?

Todas las ideologías contemporáneas que se nutran del odio, el nacionalismo, el fascismo, el comunismo y el racismo aprovechan la propensión del ser humano al rechazo del extraño, hacia el desconocido, hacia el diferente. El poder sabe transformar ese rechazo en hostilidad e incluso hasta en deseo de matar.

Las consecuencias de esa patología generada por el odio alcanzaron dimensiones aterradoras y monstruosas en nuestros tiempos, cuando el poder está dotado de una organización estatal con modernas estructuras organizativas y avanzadas técnicas (incluidas las tecnologías de la aniquilación física). Así apareció en los tiempos modernos el espantoso fenómeno del genocidio.

El genocidio es una acción armada intencionada, organizada y sistemática que tiene como fin exterminar comunidades civiles metódicamente escogidas por su nacionalidad, raza o religión.

La historia del siglo XX registró al menos ocho episodios del genocidio (la palabra episodio no es la mejor, porque las matanzas duraron, por lo regular, bastante tiempo). El primero fue la matanza de armenios llevada a cabo por los turcos en los años 1815 y 1916. El segundo provocó la muerte por hambre de millones de campesinos ucranios en los años 1932 y 1933. El tercero fue el exterminio de la población de Nankín y de sus alrededores llevado a cabo por los ocupantes japoneses en los años 1937 y 1938. El cuarto, el holocausto de los judíos llevado a cabo por los nazis en los años 1941-1945. El quinto fue el asesinato de millones de musulmanes e indios durante la división de la India en los años 1947 y 1948. El sexto provocó la muerte de millones de personas durante la Revolución Cultural llevada a cabo por Mao Tse Tung en China en los años cincuenta y sesenta. Víctimas del séptimo episodio fueron millones de camboyanos en los años 1975-1978. El episodio más reciente, de 1994, fue protagonizado por el régimen de los hutus en Ruanda, que asesinó a cientos de miles de tutsis. Muchos podrían decir que la lista es incompleta y, efectivamente, hay que admitir que se produjeron muchos otros casos de matanzas masivas que, si no fueron actos de genocidio, estuvieron muy cerca de ello, como las matanzas de Sudán, Sierra Leona y los Balcanes.

Cuando buscamos puntos de orientación en ese laberinto de crímenes, mentiras y odio encontramos algunos rasgos comunes.
En primer lugar, todos los actos fueron organizados por gobiernos que ejercían el poder en sus países de manera legal. El silencio y la pasividad de la opinión pública también fueron un rasgo común, sobre todo en la primera etapa del genocidio. Se trata de un hecho aterrador, porque confirma la crisis de la sensibilidad ética que enfrentan las civilizaciones modernas.

En segundo lugar, las matanzas masivas se han practicado no en una determinada cultura, sino en países pertenecientes a culturas muy diversas, y eso confirma que no hay cultura inmunizada ante el virus del genocidio.

En tercer lugar, se advierte una relación directa entre el genocidio y la guerra. Todos los actos de genocidio mencionados se produjeron durante la guerra o como consecuencia de un clima de amenaza bélica creado por el poder.

En cuarto lugar, la democracia es la única forma de organización de la sociedad que ha demostrado hasta ahora ser resistente ante el bacilo genocida.

En quinto lugar, el poder que planeó y organizó el genocidio siempre comenzó la operación por la propagación entre sus partidarios de la imagen del enemigo, de la futura víctima. Siempre fue fundamental emplazar al enemigo dentro de la comunidad (de la familia, de la aldea, de la ciudad, del colectivo). De esa manera, el enemigo se presentaba como algo más peligroso.

En sexto lugar, el enemigo podía ser del más diverso origen; es decir, otra clase social, otra raza, otra religión (los ricos, los judíos, los musulmanes, los tutsis, los negros), pero en la propaganda siempre recibía la misma definición: enemigo del pueblo (wrag narodu, nationfeind).

En séptimo lugar, en el período de preparación y realización de la acción genocida, los gobernantes apoyan el principio de la autarquía. El poder suele realizar una política de aislamiento frente al mundo y refuerza el hermetismo de las fronteras.

En octavo lugar, en su excelente libro La modernidad y el exterminio, el profesor Bauman advierte que la realización del holocausto fue facilitada por el avance técnico del mundo, un avance que hizo posible asesinar «a distancia». Los organizadores no se veían obligados a matar con sus propias manos y eso les liberaba de los remordimientos de conciencia. Sin embargo, no en todos los casos de genocidio fue así. En Ruanda, los organizadores del genocidio instaron a sus verdugos a asesinar no con ayuda de armas automáticas, sino con machetes. Querían conseguir el fortalecimiento dentro de sus propias filas embarrando de sangre las manos de sus partidarios.

En noveno lugar, en todos los casos, el momento de las matanzas y el exterminio fue precedido por largos períodos de represiones y de sufrimientos, de hambre, humillaciones y terror. En definitiva, para muchas víctimas, la muerte se presentaba como un gesto de gracia.

En último lugar, en todos los casos, el genocidio fue preparado y llevado a cabo cuando la sociedad se encontraba sumida en una profunda crisis económica y moral, cuando atravesaba por momentos de ceguera religiosa, cuando los sentimientos habían sido afectados por la atrofia y la gente no sabía cómo distinguir el bien del mal.

Aunque es cierto que cada suceso tiene sus rasgos específicos y sus particularidades -pienso sobre todo en la espantosa singularidad del holocausto- también es cierto que en todos estos crímenes se pueden encontrar elementos comunes, tanto en las secuencias de acontecimientos como en los motivos propagados por los organizadores y en los mecanismos criminales empleados. Aquí hay que añadir y recalcar que la crueldad masiva de cada uno de esos episodios afecta no solamente al grupo racial, étnico o religioso directamente castigado, porque es una catástrofe común del hombre como tal, del humanismo, y eso nos hace responsables a todos los que vivimos sobre la Tierra.

El siglo XX es definido por lo regular en las síntesis como siglo de dos totalitarismos: el fascismo y el comunismo; como siglo de las grandes guerras mundiales; como siglo de Auschwitz e Hiroshima. Sin embargo, en ninguna parte encontré la definición del siglo XX como una época de constantes repeticiones de actos genocidas en distintos momentos y culturas. En ninguna parte encontré la aclaración de que los actos de genocidio fueron preparados, organizados y realizados por el poder representado por gobiernos de legalidad reconocida y aniquilaron ante todo a millones de personas inocentes. Se puede calcular, no obstante, que el genocidio acabó en el siglo XX con la vida de más personas que las dos guerras mundiales. Las pérdidas materiales provocadas por el genocidio también fueron incalculables.

La descripción de cada acto de genocidio por separado y su grabación también por separado en la historia y en la memoria humana hacen que las tragedias sean vividas con menos intensidad por la humanidad, y no como una experiencia común que despierta en todos nosotros emociones que nos unen.

El poder, y sobre todo el poder estatal que comete actos de genocidio, puede contar con una gran impunidad. El Tribunal de Núremberg es una excepción que, por otro lado, abarcó solamente a un número muy reducido de criminales. Son muy pocos los funcionarios estatales que son juzgados por los crímenes que cometieron. La regla es que, cuanto más alto fue el cargo que ocupó el funcionario estatal, mayor es su impunidad. El verdugo pequeño puede acabar su vida en una horca, pero el verdugo grande, por lo regular, es intocable. Esa es una gran debilidad del sistema mundial de justicia, un sistema muy endeble, falto de consecuencia y muy oportunista.

En la historia son muy contados los casos en los que los Estados reconocieron sus culpas relacionadas con los actos de genocidio. Así ocurrió con los alemanes. En la mayoría de los casos, el poder rechaza las acusaciones de genocidio o mantiene un silencio total al respecto.

Lo más terrible de todo es que la gente, la opinión pública, carece de recursos para imponer la justicia, y ante esa incapacidad aumentan la insensibilidad ética, la indiferencia moral, la falta de voluntad y la incapacidad para reaccionar ante el mal. Mientras tanto, el mal, con frecuencia, se manifiesta como patología del poder, y entonces es tanto más peligroso por cuanto en los actos de genocidio aprovecha las técnicas modernas de organización, mucho más eficaces que las de antes. En el pasado se vinculaba el mal a estallidos irracionales de la ira popular, a inexplicables erupciones de ceguera colectiva, al descontrol de los instintos más bajos y a las ansias incontenibles de venganza y revancha, mientras que ahora se relaciona con una organización que se caracteriza por la frialdad y la astucia.

Como no existen las barreras jurídicas, institucionales o técnicas capaces de prevenir de manera eficaz la comisión de nuevos actos de genocidio, el único escudo protector que nos queda es la moral de cada individuo y de cada sociedad, la conciencia religiosa de los fieles y de sus comunidades, la voluntad firme de hacer el bien y la aceptación de ese mandamiento que nos induce a amar al prójimo

Personajes de la política que se aferraron enfermizamente al poder y fueron poco a poco desarrollando una paranoia caracterizada por ideas fijas, obsesivas e ilógicas, en las que había egolatría, narcisismo, frialdad emocional, incapacidad para la autocrítica, hostilidad con el entorno, resentimiento y mucha desconfianza previamente acompañada de eventos traumáticos de la niñez y de la estructura propia del sujeto.

martes, 8 de octubre de 2019

“Dona una peluca oncológica”, rinde su séptimo informe de actividades


MARY CASTRO / Periodismo Nayarita

Tepic, Nay.-  “El cáncer es una sentencia de vida, que nos impulsa a vivir y nos da una oportunidad para manifestarnos juntos por una esperanza”, enfatizó Juan Bernal al ofrecer el séptimo informe de actividades del movimiento de amor, “Dona una peluca oncológica” a favor de mujeres impactadas por este padecimiento.

“Juntos por una esperanza, porque en siete años, hemos aprendido que la fe y la generosidad son valores sublimes del ser humano, van de la mano con la esperanza de vivir, con la esperanza de salir adelante, con la esperanza de ganarle la lucha a esta enfermedad”, agregó en un ambiente de total emotividad.

“El cáncer no es de un de día, no es de un mes, no es de una marcha, no es de una carrera. Nos hemos propuesto ser punta de lanza en esta actividad y sueño con que algún día volteen a ver el esfuerzo que implica y esperamos continuar con este trabajo a favor de valientes mujeres que luchan por la vida y un mejor existir”.

“Este año se ofrecieron 301 servicios, donde 170 mujeres fueron beneficiadas con pelucas oncológicas y 130 con prótesis externa de mama y se donaron 260 brassieres especiales. Además, se apoyó a ocho mujeres para la compra de medicamento oncológico, incluidos catéter, quimioterapias y otros medicamentos”.

“Esto en el periodo del primero de octubre del 2018 al 30 de septiembre del 2019 y seguimos al pie del cañón, continuamos con los lunes de dar donde se atienden, con acompañamiento emocional, entre cinco a 10 pacientes cada tarde, de todos los rincones de nuestro estado y de todas las instituciones del sector salud”.

“El valor de la generosidad es latente en nuestro movimiento. Ustedes, los benefactores, son cómplices incondicionales con su aportación solidaria y cada peso se traduce íntegramente en una peluca o una prótesis externa de mama y en esto obra Dios”, añadió Juan Bernal con la sensibilidad que le caracteriza.

“Gracias por confiar en nosotros, gracias empresas socialmente responsables, amigas, amigos y clientes. Gracias por su solidaridad, su esfuerzo, su energía positiva. Todo mi agradecimiento al equipo rosa, por su disposición y su respaldo. Gracias por su generosidad, estoy seguro que se verá multiplicada”, concluyó.

“Dona una peluca oncológica” a favor de mujeres impactadas por el cáncer. Compromiso e impacto importante. 2013: 320 mujeres apoyadas, 2014: 228; 2015: 264; 2016, 276; 2017, 292; 2018: 301. Un total de mil 681 en siete años. La generosidad deja huella en quien la realiza, mayores informes al 311 2128750.

INUMEDH acreditada por la COMAEM: Tiznado Cervantes


*EN LA LICENCIATURA DE MEDICINA GENERAL INTEGRAL

MARY CASTRO / Periodismo Nayarita

Tepic, Nay.-  “En INUMEDH estamos gratamente satisfechos pues se nos ha otorgado la máxima distinción que se concede a las escuelas de medicina en el país y somos la única institución educativa privada en Nayarit en obtenerla”, enfatizó Rolando Tiznado Cervantes, Rector de esta institución académica en Nayarit.

El Instituto Universitario de Ciencias Médicas y Humanísticas de Nayarit recibe esta acreditación por el COMAEM; Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica, organismo con reconocida autoridad moral en sus procesos y resultados para su programa de la licenciatura de medicina general integral.

“COMAEM, es el organismo acreditador de la educación médica impartida en México”, agrega Tiznado Cervantes, “y esta evaluación externa de la enseñanza de la medicina destaca la calidad en la formación de recursos humanos para la salud, revisa y valora 179 indicadores, INUMEDH cumple con 175 de ellos”.

Los siete apartados evaluados en la licenciatura en medicina general integral del El Instituto Universitario de Ciencias Médicas y Humanísticas de Nayarit, INUMEDH; fueron alumnos, profesores, evaluación, plan de estudios, orientación institucional y gobierno, vinculación institucional y administración y recursos.

“La acreditación nos fue otorgada el pasado 24 de septiembre lo que confirma el compromiso que INUMEDH tiene y mantiene ante la sociedad de Nayarit de ofrecer los más altos estándares de calidad en educación para nuestros y nuestras estudiantes y a las futuras generaciones de esta Alma Mater”, agregó el rector.

Al dictaminarse que INUMEH cumple con el 97 por ciento de los indicadores se abren las puertas en todo el país y de todas las instituciones de salud para que los egresados de la licenciatura de medicina general integral participen en el concurso de campos clínicos donde realizan su servicio social e internado.

Para el INUMEDH es importante informar a la sociedad nayarita, a la comunidad universitaria y a las autoridades de educación y de salud del Estado de Nayarit sobre este reconocimiento otorgado por la máxima organización acreditadora de programas académicos de educación médica del nivel superior en el país.