
JOSÉ MANUEL ELIZONDO CUEVAS /
Periodismo Nayarita
Recientemente
comentaba que el nuestro es un mundo de contrastes. Vaya que no tardé mucho en
tener una prueba irrefutable. El viernes anterior festejaba feliz y
apaciblemente mi cumpleaños, acompañado por parte de mi familia directa. Al día
siguiente, el accidente vial que nos dejó como consecuencia, además de las
fuertes pérdidas materiales, importantes secuelas emocionales. El percance, que
ahora sé por qué le llaman siniestro y me refiero a que, además de significar
“suceso que produce un daño o una pérdida material considerables”, también
posee una acepción como adjetivo, que es: “Infeliz, funesto o aciago”. Estoy
casi seguro que en mi imaginario tiene mayor peso la segunda opción porque
estoy convencido que el escenario de un accidente es realmente siniestro por
todo el contexto de dolor físico y anímico, entre heridas, gastos, trámites y
desazón por todo lo ocurrido.
Recojo como testigo la experiencia de uno de los protagonistas que llegó a la recepción de la Subdirección Médica, sita en el Hospital de La Loma, donde fue atendida (si a eso se le puede llamar atención) sin ningún tacto, ni siquiera un asomo de calidez por una mujer bajita, de complexión robusta que antes de que la paciente (que luego se convirtió en impaciente) le mostrara los dictámenes médicos de la clínica particular, así como los estudios de rayos X, le marcó el alto, exigiendo presentara facturas, pase médico del seguro al particular y una serie de papeles de lo más raro. Después de mucha insistencia el, hasta entonces, “medio paciente” le permitieron entrar a platicar con la subdirectora médica. De entrada le preguntó ¿Quién la mandó aquí? Ups.
RECIBAN UN SALUDO AFECTUOSO.- LOS ESPERO LA SIGUIENTE SEMANA - COMENTARIOS Y SUGERENCIAS AL CORREO: elizondojm@hotmail.com .- MIEMBRO ACTIVO FRECONAY, A.C.


