DEL ‘NARCOLÉXICO’ Y COSAS PEORES
En diversas colaboraciones
hemos comentado que nuestro idioma es vasto y rico, tanto que podemos
presumirlo a los demás países. Desde la
primaria nos enseñaron nuestros docentes que una oración se esencialmente se compone
de sujeto, verbo y predicado, y también que podemos hacer nuestras oraciones en
el orden que queramos, a diferencia de otras lenguas como el inglés que en este
sentido es más estricto.
Tenemos palabras desde muy
simples hasta muy complejas. Incluso nos podemos dar el lujo de construir
nuevas palabras a partir de las palabas morfológicas del mismo. Palabras que no
se hallan en el diccionario de la Real Academia, pero que llegan a hacerse muy
populares y ésta las adopta.
Así
pues, desde hace unas décadas la palabra “narco” se ha hecho cada vez más
popular. Tanto, que hoy en día ‘le debemos’ a los narcos una herencia léxica enriquecedora.
Gracias a sus negocitos y a la relevancia social de los mismos tenemos una
buena cantidad de neologismos para referirnos a ellos, a sus actividades y a
sus vicisitudes.
Recientemente,
en la primera plana del periódico Reforma se publicó una
noticia lingüísticamente interesante: en febrero de este año, tras un operativo
que incluyó la captura de “El Enero”, cabecilla de “La Familia Michoacana”,
encontraron tres libretas en las que se describe el pago que dicha célula del
cártel paga a diversos funcionarios y policías del Estado de México y federales
para poder continuar impunemente con su negocito.
¿Cómo
se llama ese listado de ‘servidores públicos’ sobornados? Simple: se llama narconómina.
El
sustantivo narcotráfico, de hecho, es
de donde resulta el apócope narco, partícula que
justamente utilizamos como prefijo para construir nuevas y narcóticas palabras.

Así, narcotraficante es el que trafica con narcóticos o
estupefacientes (y no el traficante que se queda dormido); narcomenudeo es la venta al por menor de
estupefacientes (y no la venta al por menor de sueños); narcodólar es la ganancia resultante del negocito
expresada en la conocida divisa (y no un billete somnoliento); narcosatánico es la referencia al culto por Lucifer
combinado con el negocito (y no un adorador soñador del inframundo); y un largo
etcétera.
Vemos
las noticias de las últimas narcocapturas, nos
sorprendemos con sus narcotúneles y cantamos los narcocorridos (estilo musical mexicano que relata
una narcoaventura).
Y ahora sabemos de la existencia de
las narconóminas que describen las narcotransacciones entre
el narco y los narcopolicías y narcofuncionarios narcosobornados en
el Estado de México, aparentemente un narcoparaíso para
las narcadas narcoimpunes.
¿A
dónde nos lleva todo esto, lingüísticamente hablando?
¿Se
imagina estimado lector, lo que sería crear/utilizar un ‘pedazo’ lingüístico
que se anteponga a las palabras para que su marca, servicio y/o producto sea
relacionado automáticamente con usted? Los narcos lo lograron, casi sin querer.
¿Parece
exagerada esta propuesta?
Entiendo.
Difícil de creer. Lo sé.
Pero
pregunto: ¿dónde se puede comprar una hamburguesa McPollo?
¿Y una McNífica? ¿Y una McTocino? Correcto: en McDonald’s.
Y si hubiera una bebida denominada McMalteada y una hamburguesa llamada McLovio…
¿en qué piensamos? Correcto: ¡en McDonald’s!
¿Qué
compañía fabrica los iPods, los iPhones,
las iPads, las iMacs? ¿De quién es iTunes, iMovie, iWeb, iCal, iPhoto, iDVD,
iBook? Correcto: Mac. Y si saliera al
mercado un iCar,
un iHome, una iDoll o un iSí-Cómo-No… ¿en qué
piensas? Correcto otra vez.
No
son los únicos casos pero probablemente sí los más populares.
La clave lingüística es la
siguiente: una vez que un morfema adquiere un significado para los hablantes de
un idioma, su comprensión se vuelve accesible y la interpretación correcta de
neologismos creados a partir de ese morfema se vuelve muy probable.
La clave publicitaria es la
siguiente: primero se tiene que asociar al morfema con una marca, producto o
servicio, de modo que nos aseguremos que dicho morfema significa exactamente
eso que se quiere que signifique en la mente de las personas, para después
poder crear nuevas palabras o marcas derivadas de dicho morfema.
Luego
entonces, podemos encontrar las más diversas frases y palabras ‘compuestas’,
que quizás al principio nos cueste un poco de trabajo asimilar, pero conforme
se van popularizando, conforme va siendo aceptado por el resto de las personas,
se va ‘regularizando’ su uso, hasta que, sin tomar en consideración las reglas
ortográficas, adoptamos nuevas palabras que no necesariamente están bien
escritas, ni por sí solas tienen un significado porque simple y llanamente no
se encuentran en el diccionario de la lengua española.
Usted,
estimado lector, ¿cuántas palabras ‘compuestas’ a partir de una marca conoce?
** MIEMBRO FUNDADOR DE FRECONAY, A.C.**
Agradeceremos
sus comentarios y sugerencias en el celular y WhatsApp (311) 910 77 77 o bien,
en el correo electrónico enriquelibre@gmail.com
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